Esta perra tan preciosa apareció en un pueblo de Almería, se refugió dentro de una empresa hortofrutícola del municipio, buscando cobijo y comida.
Las trabajadoras le ofrecieron pimientos, puesto que es lo único que tenían a mano, y la pobre estaba tan hambrienta que comía pimientos sin levantar la cabeza.
Ellas mismas se encargaron de llamar al patrulla rural del ayuntamiento de Dalias, que una vez más, el bueno de Agustín, se personó, la recogió, nos llamó por si teníamos hueco para ella y la trajo.